martes, 6 de enero de 2009

CAPITULO XXXVI

El ventero alerta que se acerca a la venta una hermosa tropa de huéspedes. En ella se encuentra una mujer en un sillón. Al llegar, la sientan en una silla. No muestra su rostro y tampoco respondía a las cuestiones del cura y Dorotea.
Sobresaltada, empezó a gritar, le cayó el tafetón y descubrió una hermosa incomparable y un rostro milagroso.
Don Fernando se abraza a Luscinda cuando ella, recogida por el barbero, se desmaya. Acude el cura a echarle agua en la cara. Don Fernando queda muerto al ver a Dorotea.
Luscinda, Cardemio, don Francisco y Dorotea se quedan mudos, casi sin saber lo que les ha pasado.
Dorotea se arrodilla a los pies de don Fernando derramando lágrimas, diciéndole que él le pertenece y que Luscinda es de Cardemio. Dorotea le pide que le ame como ella lo hace, porque ha dado toda su voluntad por él.
Luscinda escuchaba a Dorotea con sentimiento pero no se soltaba en ningún momento de don Francisco.
Al cabo de un buen rato, el caballero se dirije a la humilde labradora, mientras suelta a su amada de sus brazos. Don Fernando acepta a Dorotea en sus brazos y le da a Cardemio Luscinda.
Don Francisco le cuenta a Dorotea que Cardemio la quiso matar. Ella sale de casa de sus padres en secreto para refugiarse en un monasterio toda la vida.

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